La contribución de una política de adaptación en el estado de Tabasco a una
mayor equidad de género: El Programa de Reconstrucción y Reactivación
para Transformar Tabasco.
Presentación
Las repercusiones del cambio climático no nos afectan a todas las personas por igual;
la pobreza determina la vulnerabilidad, tanto en el nivel individual como de los países.
Sabemos que la pobreza es –en gran parte– femenina, esto significa que la mayoría
de las personas en situación precaria son mujeres. Sin embargo, también en
otras áreas distintas a la económica la desigualdad entre hombres y mujeres es fuerte.
En América Latina, casi 37 por ciento de las mujeres mayores de 15 años carece de
ingresos propios, comparado con 11 por ciento de los hombres. La participación de
las mujeres en procesos formales de decisión política apenas alcanza 20 por ciento.
En el diseño de políticas para hacer frente al cambio climático en México,
como en todo el mundo, se deben considerar estas desigualdades. Deben empatarse
los esfuerzos por alcanzar la equidad de género con los esfuerzos para la equidad
socioeconómica. En la Fundación, tenemos la convicción de que el desarrollo y la
reducción de la pobreza sólo pueden ser sustentables y efectivos cuando incluyen
a las mujeres como actores, con las mismas oportunidades y los mismos derechos.
Las políticas también deben considerar que los distintos roles económicos, sociales,
reproductivos y políticos hacen que las mujeres tengan capacidades y necesidades
diferentes a las de los hombres frente a los impactos del cambio climático. Por
lo tanto, las políticas, instrumentos, mecanismos y fondos que se apliquen frente al
cambio climático no pueden ser neutrales al género. Las diferencias específicas de
género deben tomarse en cuenta en su diseño y operación. Esta es una oportunidad
que permite empoderar a las mujeres.
El gobierno de Tabasco hizo un esfuerzo en esta dirección. Como respuesta a
las inundaciones periódicas que afectan particularmente a la población de la zona
metropolitana, incluyendo la capital Villahermosa, en 2008 empezó un programa
de reubicación para la población más afectada. En su primera etapa, las viviendas
construidas fueron ortogadas a mujeres. Aunque el motivo principal de esta política
fue aprovechar su mayor sentido de responsabilidad para los nuevos hogares, el
empoderamiento de las mujeres fue un segundo objetivo.
Cuando la secretaria de Medio Ambiente de Tabasco, Silvia Whizar, nos sugirió
hacer un estudio de los impactos de este programa en las mujeres, con gran interés
aceptamos. Nos pareció una buena oportunidad para estudiar en el nivel micro si
se modificaron y cómo las relaciones de género con una medida de adaptación que
incorporó un elemento enfocado en las mujeres.
El objetivo del estudio no fue evaluar si el programa de reubicación, como medida
de adaptación, fue adecuado y exitoso, sino destacar los impactos de una medida
muy específica (la titularidad de la propiedad) en la relación de género. Sin embargo,
existe un íntimo vínculo entre ambos. Los asentamientos han sido concebidos
como espacios de vivienda, no como espacios vitales, lo que implicaría dotar de servicios
más allá de agua potable y energía, como infraestructura adecuada de salud,
educativa, deportiva, cultural, de consumo, trabajo y transporte. Considerando la
división sexual del trabajo, la falta de estos servicios afecta más a las mujeres que a
los hombres, lo que limita los efectos positivos de la titularidad.
El estudio muestra que aunque las políticas con perspectiva de género tienen
impactos cualitativos indudables, también hacen visible el entramado relacional que
en la vida humana se da y que no puede sectorizarse. La titularidad de la tierra
empodera en el campo de la toma de decisión y reducción de la violencia de género.
Sin embargo, sin medidas de empoderamiento económico con perspectiva de género,
que también tomen en cuenta la economía del cuidado, no se resuelven las desigualdades
económicas. Es decir, una política con perspectiva de género exitosa tiene que
ser una política integral, no sectorial.
Este estudio nos permite observar la intrínseca relación, así como la necesaria
complejidad para el desarrollo de políticas sectoriales. Esperamos que el documento
en sus manos enriquezca las diversas perspectivas para el desarrollo de políticas de
género que –en el marco de los problemas del cambio climático– son cada vez más
necesarias.
Ingrid Spiller
Representante
Heinrich Böll Stiftung
Oficina México, Centroamérica y el Caribe



